El Centro de Estudios Miguel Enríquez –Archivo Chile- de donde se han recopilado estos artículos sobre el Doctor Ernesto Guevara de la Serna, nos ha remitido respuesta personal para permitirnos la publicación originalmente de “Por las Rutas del Dr. Guevara” de Envar El Kadri, sin embargo, nos es imperativo extender nuestra solicitud para que podamos re-editar desde Alfil Periódico Digital otros artículos más referentes a la vida, pensamiento y obra de Ernesto “Che” Guevara.
Quien no ha conocido siquiera por curiosidad, circunstancia o compromiso al legendario Che Guevara, no ha sido digno de este postrer siglo XX y ni siquiera podrá entenderse con las realidades ni tener tino con lo que las circunstancias le propongan para cultivar su compromiso político- social con el presente siglo.
CEME es un archivo histórico, social y político básicamente de Chile. No persigue ningún fin de lucro. La versión electrónica de documentos se provee únicamente con fines de información y preferentemente educativo culturales. Cualquier reproducción destinada a otros fines deberá obtener los permisos correspondientes, porque los documentos incluidos en el portal son de propiedad intelectual de sus autores o editores. Los contenidos de cada fuente, son responsabilidad de sus respectivos autores.
Invitamos a nuestros cultos lectores visitar la dirección electronica de CEME -ARCHIVO CHILE- http://www.archivochile.com
En virtud de lo anteriormente expresado, nos circunscribimos a su observancia y así mismo expresamos nuestra admiración y respeto por el trabajo y contribución de CEME –Archivo Chile- que nos permite desde Alfil Periódico Digital difundir los hechos históricos, políticos y sociales de nuestro tiempo.
martes, 7 de octubre de 2008
CEME -Archivo Chile-
EL CHE (*)
Miguel Ángel de Bóer
¿Qué murió quien? –Preguntó sorprendido-Guevara… el Che Guevara!!!!...- respondió, angustiado, su compañero de pieza en la vieja pensión de la calle Rioja, a la que se había mudado hacia apenas unas semanas.
-¿El que estaba con Fidel Castro?- dijo, tratando de disimular su ignorancia.
-Pero claro… ¿No me digas que no sabes quién es el Che? Y no, no sabía quién era el Che. Si bien había escuchado hablar de él, apenas si tenía el dato de que se trataba de un médico cordobés (después se enteraría que en realidad había nacido en Rosario) y que en su afán por la aventura había recorrido Latinoamérica y terminó participando en la guerrilla cubana.
-¡Che!... ¿en serio que no sabes quién es el Che?...
La pregunta quedó sin respuesta. Aunque no vergüenza, la reiteración de la pregunta le produjo cierta incomodidad, porque si bien no era lo que se dice un veterano, ya se consideraba un tipo bastante informado a esa altura de su carrera.
Octubre ya había ahuyentado definitivamente el crudo invierno cordobés y el calor lo decidió a tomar otra ducha. Tenía la jabonera en la mano cuando Radio Universidad interrumpió su programa para anunciar lo que su amigo terminaba de contarle.
-¿Viste?...Te dije: murió el comandante Guevara… ¡Yanquis hijos de remil puta!...
Fue entonces cuando acusó el impacto en todo su cuerpo –y una tristeza que le resultaba extraña para su intensidad le oprimió el pecho- y tal vez porque intuyó que no se trataba de una muerte más se decidió a averiguar todo lo que pudiera acerca del che, de ese personaje hasta ahora inexistente, que lo introduciría a una visión del mundo que de a poco modificaría -¡no sabía cuánto!- el curso de su vida.
Con el correr de los días no hizo otra cosa que leer todo lo que tuviera que ver con el Che. Por otro lado, en la facultad, en el comedor universitario, en las revistas, en los diarios, la vida y muerte del Che eran los temas preponderantes de conversación y debate.
Así fue conociendo su historia, su capacidad, su valentía, sus ideas, sus anécdotas.
Se devoró los libros de Rojo y de Gambini. Se indignó profundamente –y putió- cuando leyó lo que había escrito Grondona en Primera Plana: …”Guevara representa el miedo de una clase desplazada por el cambio”… sentenció académicamente.
Se enteró quien era el Che a la vez que tenía que asumir con una pena infinita que, ahora sí, ese ser increíble estaba definitivamente muerto.
Y Córdoba, el mundo, dejaron de ser los mismos. Como cuando pasó por el Colegio Deán Funes -“La chacra”- y su corazón se agitó al recordar que allí había estudiado el Che.
La mutación transcurría inexorablemente. En sus hábitos, en su manera de vestir. Y no solo en él: las botas, la boina, la camisa “Graffa”, el pelo aindiado, fueron uniformando a más de uno de sus compañeros de estudio.
Del mismo modo fue cambiando su espíritu, su conciencia de la realidad; como cuando pudo comprender la humana dimensión de Cristo o cuando se identificó casi hasta el fanatismo con John Lennon; o en su etapa esotérica cuando junto con el Turco, en la academia de química que tenía en Alto Alberdi, entraban en trance estudiando a Gurdjieff.
Una profunda convicción iba arraigándose en su interior y gradualmente se transformaba en la meta de su existencia: ser como el Che, el comandante, el artista: ser un autentico Revolucionario.
Su mente y su cuerpo adquirían una nueva dimensión. Sentía, por fin, que podía despedirse de su adolescencia con menos dolor, percibiendo con alegría que ya no se trataba sólo de alcanzar la adultez sino de adquirir la calidad de un hombre distinto, un Hombre Nuevo.
¡Qué bello sonaba! ¡Hombre Nuevo! Un ser nuevo para una nueva sociedad. Con una moral que encarnaría los más altos ideales de la humanidad; donde no habría lugar para el individualismo ni el egoísmo; donde desaparecerían para siempre la explotación del hombre por el hombre, la pobreza y la miseria, donde cada cual viviría de acuerdo a sus necesidades y capacidades; donde la salud y la educación no serian privilegios de algunos y la cultura estaría al servicio de la mayoría; donde la paz y la justicia reinarían soberanamente; donde el hombre liberado de su alienación daría curso a su espontanea creatividad para la dicha de sí mismo y de sus semejantes.
Era la gran oportunidad de no seguir siendo uno más, de romper con la pasividad y el quedantismo ante el curso de los acontecimientos, puesto que se podía y se debía protagonizar y transformar a la Historia. Solo bastaba la decisión de querer hacerlo. Cuba era una prueba de ello. Vietnam estaba en el camino. Y el Che desde ese longplay escuchado decenas de veces, se lo repetía-con esa voz que lo fascinaba- una y otra vez:… “porque el pueblo ha dicho basta… y ha echado a andar”… El presente es de lucha, el futuro es nuestro!”… “¡Hasta la victoria siempre…!”… “¡Patria o Muerte, venceremos!”…
Las condiciones estaban dadas. Y allí donde no la estuvieran, había que crearlas.
Sentía que el mundo se expandía hasta el infinito al descubrir que el destino estaba en sus manos. (¿Qué otra cosa de tamaña magnitud podía anhelar un joven de su edad, en ese momento de su vida?) “Hacer la revolución sin perder la ternura jamás”, había dicho el Che. “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, explicaba.
“Ser revolucionario: el escalón más alto de la especie humana”, eran las palabras y el pensamiento del Che. Por las cuales había dado su vida, marcando con su conducta el rumbo a seguir.
¡Y qué fuerza cobraba su ejemplo en este mundo de dolor y de humillación! En este país en donde no había libertad. En donde la política de los políticos era sinónimo de acomodo y corrupción. Donde las dictaduras, las proscripciones y la represión, estaban al servicio de los privilegios de unos pocos: de la oligarquía, de la burguesía y del imperialismo.
¿Acaso quedaba otro camino que destruir el sistema para construir uno nuevo? ¿Había otra salida frente a la violencia del sistema que no fuera el de oponerle la violencia revolucionaria? El Che señalaba la senda. Como antes lo habían hecho Espartaco, Tupac Amaru, Lenin, Mao, Lubumba; o los auténticos patriotas latinoamericanos: San Martín, Artigas, Bolívar, Martí, Zapata, Sandino y tantos otros que dieron su vida por un mundo distinto a lo largo de la historia.
Si. Ya era hora de dejarse de joder y continuar la empresa que otros ya habían intentado: Masseti en Salta, Camilo Torres, los guerrilleros de Taco Ralo, Mariguela en Brasil, los Tupamaros en Uruguay.
Había que conformar una vanguardia que guiara al pueblo a la victoria. Había que convertirse en un combatiente, dispuesto a la entrega y al sacrificio por la causa de la clase obrera y del pueblo, por la causa revolucionaria, para la toma del poder y la instauración de una sociedad sin clases.
Las clases dominantes y sus aliados no dejaban otra opción.
Y así fue.
(*) El presente forma parte del libro: “AQUEL VEINTINUEVE” (en preparación).
Miguel Ángel de Bóer
¿Qué murió quien? –Preguntó sorprendido-Guevara… el Che Guevara!!!!...- respondió, angustiado, su compañero de pieza en la vieja pensión de la calle Rioja, a la que se había mudado hacia apenas unas semanas.
-¿El que estaba con Fidel Castro?- dijo, tratando de disimular su ignorancia.
-Pero claro… ¿No me digas que no sabes quién es el Che? Y no, no sabía quién era el Che. Si bien había escuchado hablar de él, apenas si tenía el dato de que se trataba de un médico cordobés (después se enteraría que en realidad había nacido en Rosario) y que en su afán por la aventura había recorrido Latinoamérica y terminó participando en la guerrilla cubana.
-¡Che!... ¿en serio que no sabes quién es el Che?...
La pregunta quedó sin respuesta. Aunque no vergüenza, la reiteración de la pregunta le produjo cierta incomodidad, porque si bien no era lo que se dice un veterano, ya se consideraba un tipo bastante informado a esa altura de su carrera.
Octubre ya había ahuyentado definitivamente el crudo invierno cordobés y el calor lo decidió a tomar otra ducha. Tenía la jabonera en la mano cuando Radio Universidad interrumpió su programa para anunciar lo que su amigo terminaba de contarle.
-¿Viste?...Te dije: murió el comandante Guevara… ¡Yanquis hijos de remil puta!...
Fue entonces cuando acusó el impacto en todo su cuerpo –y una tristeza que le resultaba extraña para su intensidad le oprimió el pecho- y tal vez porque intuyó que no se trataba de una muerte más se decidió a averiguar todo lo que pudiera acerca del che, de ese personaje hasta ahora inexistente, que lo introduciría a una visión del mundo que de a poco modificaría -¡no sabía cuánto!- el curso de su vida.
Con el correr de los días no hizo otra cosa que leer todo lo que tuviera que ver con el Che. Por otro lado, en la facultad, en el comedor universitario, en las revistas, en los diarios, la vida y muerte del Che eran los temas preponderantes de conversación y debate.
Así fue conociendo su historia, su capacidad, su valentía, sus ideas, sus anécdotas.
Se devoró los libros de Rojo y de Gambini. Se indignó profundamente –y putió- cuando leyó lo que había escrito Grondona en Primera Plana: …”Guevara representa el miedo de una clase desplazada por el cambio”… sentenció académicamente.
Se enteró quien era el Che a la vez que tenía que asumir con una pena infinita que, ahora sí, ese ser increíble estaba definitivamente muerto.
Y Córdoba, el mundo, dejaron de ser los mismos. Como cuando pasó por el Colegio Deán Funes -“La chacra”- y su corazón se agitó al recordar que allí había estudiado el Che.
La mutación transcurría inexorablemente. En sus hábitos, en su manera de vestir. Y no solo en él: las botas, la boina, la camisa “Graffa”, el pelo aindiado, fueron uniformando a más de uno de sus compañeros de estudio.
Del mismo modo fue cambiando su espíritu, su conciencia de la realidad; como cuando pudo comprender la humana dimensión de Cristo o cuando se identificó casi hasta el fanatismo con John Lennon; o en su etapa esotérica cuando junto con el Turco, en la academia de química que tenía en Alto Alberdi, entraban en trance estudiando a Gurdjieff.
Una profunda convicción iba arraigándose en su interior y gradualmente se transformaba en la meta de su existencia: ser como el Che, el comandante, el artista: ser un autentico Revolucionario.
Su mente y su cuerpo adquirían una nueva dimensión. Sentía, por fin, que podía despedirse de su adolescencia con menos dolor, percibiendo con alegría que ya no se trataba sólo de alcanzar la adultez sino de adquirir la calidad de un hombre distinto, un Hombre Nuevo.
¡Qué bello sonaba! ¡Hombre Nuevo! Un ser nuevo para una nueva sociedad. Con una moral que encarnaría los más altos ideales de la humanidad; donde no habría lugar para el individualismo ni el egoísmo; donde desaparecerían para siempre la explotación del hombre por el hombre, la pobreza y la miseria, donde cada cual viviría de acuerdo a sus necesidades y capacidades; donde la salud y la educación no serian privilegios de algunos y la cultura estaría al servicio de la mayoría; donde la paz y la justicia reinarían soberanamente; donde el hombre liberado de su alienación daría curso a su espontanea creatividad para la dicha de sí mismo y de sus semejantes.
Era la gran oportunidad de no seguir siendo uno más, de romper con la pasividad y el quedantismo ante el curso de los acontecimientos, puesto que se podía y se debía protagonizar y transformar a la Historia. Solo bastaba la decisión de querer hacerlo. Cuba era una prueba de ello. Vietnam estaba en el camino. Y el Che desde ese longplay escuchado decenas de veces, se lo repetía-con esa voz que lo fascinaba- una y otra vez:… “porque el pueblo ha dicho basta… y ha echado a andar”… El presente es de lucha, el futuro es nuestro!”… “¡Hasta la victoria siempre…!”… “¡Patria o Muerte, venceremos!”…
Las condiciones estaban dadas. Y allí donde no la estuvieran, había que crearlas.
Sentía que el mundo se expandía hasta el infinito al descubrir que el destino estaba en sus manos. (¿Qué otra cosa de tamaña magnitud podía anhelar un joven de su edad, en ese momento de su vida?) “Hacer la revolución sin perder la ternura jamás”, había dicho el Che. “El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, explicaba.
“Ser revolucionario: el escalón más alto de la especie humana”, eran las palabras y el pensamiento del Che. Por las cuales había dado su vida, marcando con su conducta el rumbo a seguir.
¡Y qué fuerza cobraba su ejemplo en este mundo de dolor y de humillación! En este país en donde no había libertad. En donde la política de los políticos era sinónimo de acomodo y corrupción. Donde las dictaduras, las proscripciones y la represión, estaban al servicio de los privilegios de unos pocos: de la oligarquía, de la burguesía y del imperialismo.
¿Acaso quedaba otro camino que destruir el sistema para construir uno nuevo? ¿Había otra salida frente a la violencia del sistema que no fuera el de oponerle la violencia revolucionaria? El Che señalaba la senda. Como antes lo habían hecho Espartaco, Tupac Amaru, Lenin, Mao, Lubumba; o los auténticos patriotas latinoamericanos: San Martín, Artigas, Bolívar, Martí, Zapata, Sandino y tantos otros que dieron su vida por un mundo distinto a lo largo de la historia.
Si. Ya era hora de dejarse de joder y continuar la empresa que otros ya habían intentado: Masseti en Salta, Camilo Torres, los guerrilleros de Taco Ralo, Mariguela en Brasil, los Tupamaros en Uruguay.
Había que conformar una vanguardia que guiara al pueblo a la victoria. Había que convertirse en un combatiente, dispuesto a la entrega y al sacrificio por la causa de la clase obrera y del pueblo, por la causa revolucionaria, para la toma del poder y la instauración de una sociedad sin clases.
Las clases dominantes y sus aliados no dejaban otra opción.
Y así fue.
(*) El presente forma parte del libro: “AQUEL VEINTINUEVE” (en preparación).
lunes, 6 de octubre de 2008

Por las rutas del doctor Guevara
Envar El Kadri
De: Archivo Chile CEME.
Guevara viaja a Guatemala y allí comienza a ser conocido como Che. Tras el golpe contra Arbenz, se va a México, donde conoce a Fidel Castro y se embarca en la aventura que lo convirtió en el comandante de la Revolución cubana.
El doctor Ernesto Guevara de la Serna llega a Guatemala en diciembre de 1953 y se aloja en una pensión de la calle 5ta., donde le escribe a su madre: La capital no es más grande que Bahía Blanca y dormida como ella". Pero la ciudad está muy despierta, porque desde la promulgación de la Constitución de 1945 se abolieron las servidumbres y prestaciones personales de los "indios", y se reconoció la igualdad de derechos ciudadanos para todos los habitantes, en su gran mayoría mayas, hasta entonces denigrados y degradados, a pesar de su brillante pasado. El gobierno de Juan José Arévalo (1945-51) había promovido la reforma bancaria, educativa y cultural, dictando un Código de Trabajo que sirvió para reconocer y poner en práctica los derechos sociales; inspirado en la Reforma Universitaria de Argentina, sancionó la autonomía universitaria, y además de reconocer a la República Española y establecer relaciones con la Unión Soviética, condenaba a las dictaduras latinoamericanas, particularmente la de Somoza en Nicaragua. También cometía "la herejía'' de condecorar a Perón con la Orden del Quetzal, por su actitud, en 1947, de romper el boicot estadunidense a los puertos de Guatemala, ordenando a los buques de la Flota Mercante Argentina hacer escalas allí y llevando, según les contó el propio Arévalo a Guevara, armas argentinas para su ejército.
El gobierno de Jacobo Arbenz que lo sucedió, sanciona además el decreto 900 de 1952 para liquidar el latifundio y las relaciones semifeudales de producción. En 1953 se habían expropiado y repartido casi 2 millones de hectáreas, de las cuales 161 mil pertenecían a la poderosa United Fruit. Co., entonces propiedad del hermano del secretario de Estado, Foster Dulles. Todo ello, sumado a la creación de la CGT, la Confederación Nacional Campesina y la existencia del Partido Guatemalteco del Trabajo, fundado en 1948 como Partido Comunista, será el pretexto para la intervención estadunidense.
Pero a principios de 1954, el joven doctor Guevara de la Serna se gana la vida como puede: venderá con los cubanos Ñico López y Armando Arencibia el Cristo Negro de Esquipulas, al que le colocan una lamparita para hacerlo más atractivo; dará clases de español; hará gestiones para trabajar como médico en el Petén, pero rechaza la condición previa de afiliarse al PGT; prepara un libro que nunca terminará sobre la condición del médico en América Latina y, como siempre en este viaje, pasa hambre: "El otro día me tomaron el tiempo en 50 metros, poniendo un bife, y todos los cronómetros marcaron cero", le escribe a Zoraida Boluarte, despidiéndose con "un cariñoso abrazo del pobre Che".
En este ambiente, Guevara conoce a Hilda Gadea, exiliada peruana que "tiene un corazón de platino, por lo menos; su ayuda se siente en todos los actos de mi vida diarios...'' y empieza un romance que culminará en casamiento en México. Sin embargo, no son tiempos para romances. Cuando el gobierno anuncia que expropiará 883 mil hectáreas más, Estados Unidos decide que no puede permitir la continuación de "un gobierno comunista'' y a través del coronel Castillo Armas, lanza su "cruzada libertadora'', que terminará con el gobierno de Arbenz y la revolución. El 14, 15 y 16 de junio de 1954, aviones piloteados por estadunidenses bombardean la casa de Gobierno, preanunciando el final.
Guevara se alista en los Comités de Defensa de la Revolución, se inscribe en el Socorro Médico de Urgencias, recibe instrucción militar en las Brigadas Juveniles, impulsa una resistencia que no se realiza: "era necesario pelear y casi nadie peleó, era necesario resistir y casi nadie quiso hacerlo", escribe. El embajador argentino Nicasio Sánchez Toranzo lo lleva a la embajada, pero Guevara no quiere asilarse; hace un paquete con sus libros y los manda a su tía Beatriz, y en agosto, cuando aviones argentinos llegan para evacuar a todos los asilados, decide continuar el viaje.
México
Cuando Guevara llegó el 21 de septiembre de 1954 a la estación del norte, México era la capital del exilio: puertorriqueños independentistas, cubanos enemigos de Batista, nicas enemigos de Somoza, dominicanos enemigos de Trujillo, guatemaltecos enemigos de Castillo Armas... sin contar con los republicanos españoles, cuyo gobierno era para el de México la representación oficial de España. Honrosa tradición que se mantuvo en los años 70 cuando recibieron además a chilenos, uruguayos, argentinos y mantuvieron relaciones con Cuba, a pesar de las presiones.
Ese México moldeó el temple del doctor Guevara de la Serna, aunque criticara lo que para él fue la débil posición oficial frente al derrocamiento de Arbenz en Guatemala. El doctor Mario Salazar Mallén, jefe del Hospital General, le consigue una plaza en la Sala de Alergia, donde vuelve a engancharse con los cubanos, al encontrarse con Ñico López. En la lucha por la sobrevivencia, Guevara compra una cámara Retina 35 mm y comienza a trabajar de "fotógrafo ambulante''.
En noviembre se encuentra con Hilda Gadea, con quien pasea por la ciudad, Toluca, Cuernavaca; van al cine a ver Romeo y Julieta o Arriba el telón, de Cantinflas. Le gusta tanto el humor del cómico mexicano, su hablar sin decir nada, que cuando quiere reírse de sí mismo se compara con él. Al comienzo de 1955, Guevara encuentra en un tranvía al periodista argentino Alfonso Pérez Vizcaíno, quien le ofrece trabajar para la Agencia Latina como fotógrafo en los II Juegos Panamericanos. Lo hace del 6 al 20 de marzo, algunas de sus fotos son publicadas y en junio cobra 3 mil pesos, la mitad de la suma convenida, que representa un alivio para su economía.
En esa época conoce a Raúl Castro, quien lo ayudaba a recoger gatos callejeros con los que realizaba experimentos sobre alergia. En julio lo invita a la casa de María Antonia González, calle Emparan 49, donde conoce a Fidel Castro, recientemente liberado por una amnistía. "Recuerdo que nuestra primera discusión versó sobre política internacional. A las pocas horas de la misma noche, en la madrugada, era yo uno de los futuros expedicionarios".
Al enterarse de la caída de Perón en septiembre, le escribe a su tía Beatriz: "Yo no sé bien qué será, pero sentí la caída de Perón un poquito. La Argentina era una ovejita gris pálido, pero se distinguía del montón; ahora ya tendrá el mismo colorcito blanco de sus 20primorosas hermanas..."
De su matrimonio con Hilda, nace el 15 de febrero de 1956 Hilda Beatriz Guevara Gadea, que inscribirán como mexicana, en homenaje al pueblo de México. Cuando Fidel visita a la recién nacida, conversan sobre la necesidad de comenzar el entrenamiento del grupo que marchará a Cuba para derrocar a Batista. En el rancho Santa Rosa, cerca de Chalco, será nombrado jefe de personal de los futuros expedicionarios. El republicano español Alberto Bayo les da instrucción militar, les hace leer y repetir las 150 preguntas a un guerrillero, manual redactado por él mismo.
El 24 de junio lo detienen junto al resto de sus compañeros y lo llevan a la Estación Migratoria, que diversos autores sitúan en la calle Miguel Schultz número 27, y que nosotros ubicamos entre los números 103-105, donde hoy funciona la Escuela Primaria Luz Oliveros. En esta cárcel lo visita Ulises Petit de Murat, amigo de sus padres, quien estaba seguro de liberarlo con un trámite especial. Guevara rechaza la excepción y poco después le dice a Fidel que de ninguna manera retrase la revolución por él. "Yo no te abandono'', fue la respuesta de Fidel. "Y así fue, porque hubo que distraer tiempo y dinero preciosos para sacarnos de la cárcel mexicana."
La solidaridad mexicana se manifiesta con la visita del ex presidente Lázaro Cárdenas, que hace gestiones para liberarlos, lo que ocurre a los 57 días. El gobierno mexicano no se deja presionar por Batista y en lugar de expulsarlos, los libera, "invitándolos a abandonar el país a la mayor brevedad posible..." Todos pasan a la clandestinidad y continúan la preparación: Antonio del Conde, El Cuate, que les había provisto de armas, les prepara el yate Granma, en el río Tuxpan. En la madrugada del 25 de noviembre de 1956, 82 hombres casi pelean por subir a esa cáscara de nuez, donde sólo entrarían 20 como mucho. Temen quedar fuera de la expedición, que prevé llegar en tres días a Cuba y tardará siete...
El equipo del cineasta Miguel Pereira toma las últimas imágenes, allí donde el río Tuxpan se une al golfo de México. Seguimos las huellas del viaje que llevó al doctor Guevara desde la porteña estación Retiro, el 7 de julio de 1953, cuando pensaba ir a trabajar al leprosario San Pablo, en Venezuela, hasta Tuxpan, cuando entrará en la historia como el legendario Che.
** Envar El Kadri, argentino, fundador de las Fuerzas Armadas Peronistas. Detenido en 1968 y liberado en 1973, exiliado en Francia entre 1976-83. Actualmente es productor cultural y junto con el director de cine Miguel Pereira realizó el documental Por las rutas del doctor Guevara.
Envar El Kadri
De: Archivo Chile CEME.
Guevara viaja a Guatemala y allí comienza a ser conocido como Che. Tras el golpe contra Arbenz, se va a México, donde conoce a Fidel Castro y se embarca en la aventura que lo convirtió en el comandante de la Revolución cubana.
El doctor Ernesto Guevara de la Serna llega a Guatemala en diciembre de 1953 y se aloja en una pensión de la calle 5ta., donde le escribe a su madre: La capital no es más grande que Bahía Blanca y dormida como ella". Pero la ciudad está muy despierta, porque desde la promulgación de la Constitución de 1945 se abolieron las servidumbres y prestaciones personales de los "indios", y se reconoció la igualdad de derechos ciudadanos para todos los habitantes, en su gran mayoría mayas, hasta entonces denigrados y degradados, a pesar de su brillante pasado. El gobierno de Juan José Arévalo (1945-51) había promovido la reforma bancaria, educativa y cultural, dictando un Código de Trabajo que sirvió para reconocer y poner en práctica los derechos sociales; inspirado en la Reforma Universitaria de Argentina, sancionó la autonomía universitaria, y además de reconocer a la República Española y establecer relaciones con la Unión Soviética, condenaba a las dictaduras latinoamericanas, particularmente la de Somoza en Nicaragua. También cometía "la herejía'' de condecorar a Perón con la Orden del Quetzal, por su actitud, en 1947, de romper el boicot estadunidense a los puertos de Guatemala, ordenando a los buques de la Flota Mercante Argentina hacer escalas allí y llevando, según les contó el propio Arévalo a Guevara, armas argentinas para su ejército.
El gobierno de Jacobo Arbenz que lo sucedió, sanciona además el decreto 900 de 1952 para liquidar el latifundio y las relaciones semifeudales de producción. En 1953 se habían expropiado y repartido casi 2 millones de hectáreas, de las cuales 161 mil pertenecían a la poderosa United Fruit. Co., entonces propiedad del hermano del secretario de Estado, Foster Dulles. Todo ello, sumado a la creación de la CGT, la Confederación Nacional Campesina y la existencia del Partido Guatemalteco del Trabajo, fundado en 1948 como Partido Comunista, será el pretexto para la intervención estadunidense.
Pero a principios de 1954, el joven doctor Guevara de la Serna se gana la vida como puede: venderá con los cubanos Ñico López y Armando Arencibia el Cristo Negro de Esquipulas, al que le colocan una lamparita para hacerlo más atractivo; dará clases de español; hará gestiones para trabajar como médico en el Petén, pero rechaza la condición previa de afiliarse al PGT; prepara un libro que nunca terminará sobre la condición del médico en América Latina y, como siempre en este viaje, pasa hambre: "El otro día me tomaron el tiempo en 50 metros, poniendo un bife, y todos los cronómetros marcaron cero", le escribe a Zoraida Boluarte, despidiéndose con "un cariñoso abrazo del pobre Che".
En este ambiente, Guevara conoce a Hilda Gadea, exiliada peruana que "tiene un corazón de platino, por lo menos; su ayuda se siente en todos los actos de mi vida diarios...'' y empieza un romance que culminará en casamiento en México. Sin embargo, no son tiempos para romances. Cuando el gobierno anuncia que expropiará 883 mil hectáreas más, Estados Unidos decide que no puede permitir la continuación de "un gobierno comunista'' y a través del coronel Castillo Armas, lanza su "cruzada libertadora'', que terminará con el gobierno de Arbenz y la revolución. El 14, 15 y 16 de junio de 1954, aviones piloteados por estadunidenses bombardean la casa de Gobierno, preanunciando el final.
Guevara se alista en los Comités de Defensa de la Revolución, se inscribe en el Socorro Médico de Urgencias, recibe instrucción militar en las Brigadas Juveniles, impulsa una resistencia que no se realiza: "era necesario pelear y casi nadie peleó, era necesario resistir y casi nadie quiso hacerlo", escribe. El embajador argentino Nicasio Sánchez Toranzo lo lleva a la embajada, pero Guevara no quiere asilarse; hace un paquete con sus libros y los manda a su tía Beatriz, y en agosto, cuando aviones argentinos llegan para evacuar a todos los asilados, decide continuar el viaje.
México
Cuando Guevara llegó el 21 de septiembre de 1954 a la estación del norte, México era la capital del exilio: puertorriqueños independentistas, cubanos enemigos de Batista, nicas enemigos de Somoza, dominicanos enemigos de Trujillo, guatemaltecos enemigos de Castillo Armas... sin contar con los republicanos españoles, cuyo gobierno era para el de México la representación oficial de España. Honrosa tradición que se mantuvo en los años 70 cuando recibieron además a chilenos, uruguayos, argentinos y mantuvieron relaciones con Cuba, a pesar de las presiones.
Ese México moldeó el temple del doctor Guevara de la Serna, aunque criticara lo que para él fue la débil posición oficial frente al derrocamiento de Arbenz en Guatemala. El doctor Mario Salazar Mallén, jefe del Hospital General, le consigue una plaza en la Sala de Alergia, donde vuelve a engancharse con los cubanos, al encontrarse con Ñico López. En la lucha por la sobrevivencia, Guevara compra una cámara Retina 35 mm y comienza a trabajar de "fotógrafo ambulante''.
En noviembre se encuentra con Hilda Gadea, con quien pasea por la ciudad, Toluca, Cuernavaca; van al cine a ver Romeo y Julieta o Arriba el telón, de Cantinflas. Le gusta tanto el humor del cómico mexicano, su hablar sin decir nada, que cuando quiere reírse de sí mismo se compara con él. Al comienzo de 1955, Guevara encuentra en un tranvía al periodista argentino Alfonso Pérez Vizcaíno, quien le ofrece trabajar para la Agencia Latina como fotógrafo en los II Juegos Panamericanos. Lo hace del 6 al 20 de marzo, algunas de sus fotos son publicadas y en junio cobra 3 mil pesos, la mitad de la suma convenida, que representa un alivio para su economía.
En esa época conoce a Raúl Castro, quien lo ayudaba a recoger gatos callejeros con los que realizaba experimentos sobre alergia. En julio lo invita a la casa de María Antonia González, calle Emparan 49, donde conoce a Fidel Castro, recientemente liberado por una amnistía. "Recuerdo que nuestra primera discusión versó sobre política internacional. A las pocas horas de la misma noche, en la madrugada, era yo uno de los futuros expedicionarios".
Al enterarse de la caída de Perón en septiembre, le escribe a su tía Beatriz: "Yo no sé bien qué será, pero sentí la caída de Perón un poquito. La Argentina era una ovejita gris pálido, pero se distinguía del montón; ahora ya tendrá el mismo colorcito blanco de sus 20primorosas hermanas..."
De su matrimonio con Hilda, nace el 15 de febrero de 1956 Hilda Beatriz Guevara Gadea, que inscribirán como mexicana, en homenaje al pueblo de México. Cuando Fidel visita a la recién nacida, conversan sobre la necesidad de comenzar el entrenamiento del grupo que marchará a Cuba para derrocar a Batista. En el rancho Santa Rosa, cerca de Chalco, será nombrado jefe de personal de los futuros expedicionarios. El republicano español Alberto Bayo les da instrucción militar, les hace leer y repetir las 150 preguntas a un guerrillero, manual redactado por él mismo.
El 24 de junio lo detienen junto al resto de sus compañeros y lo llevan a la Estación Migratoria, que diversos autores sitúan en la calle Miguel Schultz número 27, y que nosotros ubicamos entre los números 103-105, donde hoy funciona la Escuela Primaria Luz Oliveros. En esta cárcel lo visita Ulises Petit de Murat, amigo de sus padres, quien estaba seguro de liberarlo con un trámite especial. Guevara rechaza la excepción y poco después le dice a Fidel que de ninguna manera retrase la revolución por él. "Yo no te abandono'', fue la respuesta de Fidel. "Y así fue, porque hubo que distraer tiempo y dinero preciosos para sacarnos de la cárcel mexicana."
La solidaridad mexicana se manifiesta con la visita del ex presidente Lázaro Cárdenas, que hace gestiones para liberarlos, lo que ocurre a los 57 días. El gobierno mexicano no se deja presionar por Batista y en lugar de expulsarlos, los libera, "invitándolos a abandonar el país a la mayor brevedad posible..." Todos pasan a la clandestinidad y continúan la preparación: Antonio del Conde, El Cuate, que les había provisto de armas, les prepara el yate Granma, en el río Tuxpan. En la madrugada del 25 de noviembre de 1956, 82 hombres casi pelean por subir a esa cáscara de nuez, donde sólo entrarían 20 como mucho. Temen quedar fuera de la expedición, que prevé llegar en tres días a Cuba y tardará siete...
El equipo del cineasta Miguel Pereira toma las últimas imágenes, allí donde el río Tuxpan se une al golfo de México. Seguimos las huellas del viaje que llevó al doctor Guevara desde la porteña estación Retiro, el 7 de julio de 1953, cuando pensaba ir a trabajar al leprosario San Pablo, en Venezuela, hasta Tuxpan, cuando entrará en la historia como el legendario Che.
** Envar El Kadri, argentino, fundador de las Fuerzas Armadas Peronistas. Detenido en 1968 y liberado en 1973, exiliado en Francia entre 1976-83. Actualmente es productor cultural y junto con el director de cine Miguel Pereira realizó el documental Por las rutas del doctor Guevara.
por: Iván I. Choto
…¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como zumbido de oídos persistía el rumor de las campanas a la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz. –Miguel Ángel Asturias, en El Señor Presidente-
Ahora se ha comenzado a destapar la olla de los grillos, el espionaje en contra de Álvaro Colom, es un hacer de Estado que se revierte en su contra así como es una práctica que también se utiliza en la seguridad de muchas empresas, instituciones y personas. Lo de este momento no es nada nuevo, siempre ha estado presente en la vida pública y privada de todos los guatemaltecos, es un espectro silencioso que ha extendido sus tentáculos desde las dictaduras de Estrada Cabrera y Ubico Castañeda y fue altamente perfeccionada y consentida en la estructura de poder durante los gobiernos militares sucedidos desde 1954 hasta nuestros días. El modelo de espionaje de Jorge Ubico por ejemplo, se adoptó como escuela para el apoyo de su homologo Tiburcio Carias Andino de Honduras, una dictadura que se mantuvo 17 años, un poco más allá de los movimientos que derrocaron a Hernández Martínez el 8 de mayo y a Ubico el 1 de julio de 1944, en El Salvador y Guatemala respectivamente.
Fue en la dictadura de Manuel Estrada Cabrera que se instauró la escuela más paradigmática del espionaje en Guatemala. En la edición crítica de “El Señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias, Gerald Martín, en las notas explicativas refiere de Carlos Wyld Ospina que a Estrada cabrera siempre le interesaban las debilidades de sus compatriotas y siempre le fascinaban los chismes: “De su juventud, ya togado, solo se recuerda que era la gacetilla andante de Quetzaltenango”. “Ha Estrada Cabrera no le pasó lo que a los estadistas de gabinete, que no viven en contacto con las realidades circundantes. No obstante que su larga permanencia en el poder fue un solo e ininterrumpido encierro, supo mantenerse al tanto de todos los sucesos públicos, interiores y externos, y aun de las intimidades de la vida de sus súbditos, hasta un punto que asombraba y producía terror en sus mismos agentes secretos, menos enterados que él de estas cosas… por lo vasta, bien ordenada y exacta, su memoria era un registro de títulos, nombres, abolengos, fortunas, anécdotas y datos de toda laya relativos a los habitantes de Guatemala”. “Nace entonces el “oreja” o espía y soplón a sueldo y también el agente informador gratuito, el que orgullosamente se llama “amigo incondicional del Señor Presidente”: toda una red de espionaje y delación que se teje como una telaraña de temor a lo largo de todo el país y cuya tarea no es solo la de reprimir toda tentativa contra el primer magistrado y hasta la de informar sobre cualesquiera forma de oposición a su gobierno, aun cuando solo se trate de alguna simple censura en alguna conversación privada, sino todavía de algo positivo: promover las adhesiones espontaneas al Jefe de Estado”. Y: “su talento político se acerca notablemente al de una araña cuando teje su tela y espera después, días enteros, a que caiga en ella la mosca apetecida”. Se nos ocurre, entonces, que la imagen de los “hilos invisibles” es múltiple: hilos de la telaraña, hilos de los títeres, etc.”.
Las sospechas del presidente Álvaro Colom respecto de que estaba siendo víctima de espionaje son más que una sospecha, son una denuncia, un reproche un desenmascaramiento de recónditas disposiciones paralelas que mueven el destino de Guatemala a desprecio de lo constitucional y de los principios puramente democráticos. El presidente, no solo denunció la existencia de aparatos de alta tecnología en la Casa Presidencial, su oficina privada de la zona 14 y su residencia sino que nos puso a reflexionar sobre una cultura de sometimiento e intimidación que se estila en todos los ámbitos de la vida nacional muy a pesar del “forzado” giro democrático que nos obligó a capitular un conflicto armado interno que es como quitarse el dolor de una ulcera sangrante sin eliminar el hábito que nos hace padecer la enfermedad.
Las antiguas prácticas de aparatos de inteligencia militar, muy a pesar del intento democratizador, continúan vigentes como en su época de manifestación más intensa y tenebrosa en la década de 1960 y 1970 cuando se justificó para reprimir al movimiento insurgente. Todo su más alto desarrollo tecnificado y sofisticado durante la década de 1980 se utiliza hoy en contra de la población civil, ha sido llevado a los sistemas de seguridad de empresas, en donde los responsables de la seguridad mantienen un enlace y apoyo con sus homólogos castrenses, compañeros de la “promo” en el argot militar que les allanan el camino hacia la impunidad.
El caso es que aun no estamos librados de una práctica de inteligencia involucrada en los peores hechos de violencia: desapariciones, asesinatos, secuestros y torturas. Había que ser la voz del presidente a la que se le puede creer que aun existen las intercepciones telefónicas y habrá que poner empeño desde la potestad del Estado para redescubrir que aun existe y ahora sofisticado por la tecnología informática un sistema de computadoras en el que se almacenan las fichas de las personas con sus fotografías y los datos que contienen información sobre el partido político, organización a la que pertenecen y cualquier asunto especifico al que deseen circunscribir su investigación.
Pero si lo dice la voz del Procurador de los Derechos Humanos, no se conjetura como que sea una mentira, es solamente la voz de un sensiblero con la marginalidad, o si la voz de un periodista, un pagado para desestabilizar o un mequetrefe que en cualquier momento la pagará, o si la voz de un político, es la de alguien capaz de inventarle males a su madre para mantener vigente su figura, si la voz de un activista es la voz de uno cuya mercancía son los males de Guatemala para conseguir donantes para su causa, y así podríamos hacer una larga lista de detracciones contra una realidad que se vuelve una pesadilla que redescubre miserias denigrantes que padecemos per secula seculorum.
Desde esta columna he denunciado el espionaje existente en la Compañía Guatemalteca de Níquel, instaurado con la venia o no de sus administradores por Mynor Padilla, contra las personas a quienes se las considera enemigas del proyecto minero Fénix. El caso de la CGN, es el típico de una compañía minera que utiliza en su sistema de seguridad estas prácticas de inteligencia militar con la incondicional colaboración de sus administradores. Sabrá Dios con que argucias o recursos se habrá desvanecido esta realidad para hacerla parecer como una calumnia contra la CGN. Casi se llega al colmo con que se les crea que están en otro planeta o en otra galaxia para insistir en que ellos no lo hacen, o es que rayan en el escandaloso cinismo o se atreven a creernos ingenuos si es que no tan del todo pendejos. ¿A quién de los administradores dentro de las prácticas de hostigamiento en contra de la formación del sindicato o contra la gente acusada de invasores, se le salió de la boca que tenían al jefe de la SAE como su incondicional apoyo? ¿Fue al imbécil de Andrew Grant? ¿Al desatornillado Len Babin? ¿Al penitenciado Padilla? Fue a uno de estos tres, pero lo seguro es que siempre han basado su fuerza contra la comunidad, los opositores, los empleados y sus enemigos imaginarios utilizando las tan despreciables prácticas de espionaje que se práctica tan devotamente como culto a una gran religión en nuestra convivencia social.
En cualquiera de las reuniones con los grupos comunitarios, en una negociación, cita, conversación con grupos o personas de las comunidades y hasta con autoridades civiles o religiosas han estado presentes las siniestras figuras de Mynor Padilla y Roberto Dala (ahora aparentemente ya no tan amigos) siempre en fingimiento de amables, desenfadados y hasta amenos en la tertulia con las personas, con su cara de buenos inocentes como quienes no hacen nada pero en afanosa consigna de llevarse todo grabado en sus singulares aparatos escondidos entre las bolsas de sus camisas o sus pantalones. Ha sido un tema discutido y cuestionado por gente decente dentro de la Compañía porque si la hay decente dentro de la CGN, aunque no sea creíble, en contraste con los inescrupulosos que niegan el acecho indiscriminado que se practica con un sentimiento de víctimas de una artera calumnia como quien intenta hacer pensar que el pobrecito Juan no sabe nada de hilos porque si es María la que cose.
Las mismas prácticas con las que han sido sorprendidos los más cercanos colaboradores del mandatario y como no hacerlo a placer y capricho en contra de simples ciudadanos comunes si se ha intentado contra el más alto representativo del poder.
Lo que se muestra susceptible de suceder aun en la más alta esfera de poder en el país, debe causar motivo de un interés investigativo por parte de todas las instituciones democráticas, debe entenderse como algo que sucede como síntoma de un mal corrosivo que persiste en nuestra configuración nacional. Hemos sido amañados al silencio, el hacer como que nada pasa y al creernos que nos baboseamos a la comunidad internacional con nuestras apariencias de honorables a los que debe creérseles todo.
Fue en la dictadura de Manuel Estrada Cabrera que se instauró la escuela más paradigmática del espionaje en Guatemala. En la edición crítica de “El Señor Presidente” de Miguel Ángel Asturias, Gerald Martín, en las notas explicativas refiere de Carlos Wyld Ospina que a Estrada cabrera siempre le interesaban las debilidades de sus compatriotas y siempre le fascinaban los chismes: “De su juventud, ya togado, solo se recuerda que era la gacetilla andante de Quetzaltenango”. “Ha Estrada Cabrera no le pasó lo que a los estadistas de gabinete, que no viven en contacto con las realidades circundantes. No obstante que su larga permanencia en el poder fue un solo e ininterrumpido encierro, supo mantenerse al tanto de todos los sucesos públicos, interiores y externos, y aun de las intimidades de la vida de sus súbditos, hasta un punto que asombraba y producía terror en sus mismos agentes secretos, menos enterados que él de estas cosas… por lo vasta, bien ordenada y exacta, su memoria era un registro de títulos, nombres, abolengos, fortunas, anécdotas y datos de toda laya relativos a los habitantes de Guatemala”. “Nace entonces el “oreja” o espía y soplón a sueldo y también el agente informador gratuito, el que orgullosamente se llama “amigo incondicional del Señor Presidente”: toda una red de espionaje y delación que se teje como una telaraña de temor a lo largo de todo el país y cuya tarea no es solo la de reprimir toda tentativa contra el primer magistrado y hasta la de informar sobre cualesquiera forma de oposición a su gobierno, aun cuando solo se trate de alguna simple censura en alguna conversación privada, sino todavía de algo positivo: promover las adhesiones espontaneas al Jefe de Estado”. Y: “su talento político se acerca notablemente al de una araña cuando teje su tela y espera después, días enteros, a que caiga en ella la mosca apetecida”. Se nos ocurre, entonces, que la imagen de los “hilos invisibles” es múltiple: hilos de la telaraña, hilos de los títeres, etc.”.
Las sospechas del presidente Álvaro Colom respecto de que estaba siendo víctima de espionaje son más que una sospecha, son una denuncia, un reproche un desenmascaramiento de recónditas disposiciones paralelas que mueven el destino de Guatemala a desprecio de lo constitucional y de los principios puramente democráticos. El presidente, no solo denunció la existencia de aparatos de alta tecnología en la Casa Presidencial, su oficina privada de la zona 14 y su residencia sino que nos puso a reflexionar sobre una cultura de sometimiento e intimidación que se estila en todos los ámbitos de la vida nacional muy a pesar del “forzado” giro democrático que nos obligó a capitular un conflicto armado interno que es como quitarse el dolor de una ulcera sangrante sin eliminar el hábito que nos hace padecer la enfermedad.
Las antiguas prácticas de aparatos de inteligencia militar, muy a pesar del intento democratizador, continúan vigentes como en su época de manifestación más intensa y tenebrosa en la década de 1960 y 1970 cuando se justificó para reprimir al movimiento insurgente. Todo su más alto desarrollo tecnificado y sofisticado durante la década de 1980 se utiliza hoy en contra de la población civil, ha sido llevado a los sistemas de seguridad de empresas, en donde los responsables de la seguridad mantienen un enlace y apoyo con sus homólogos castrenses, compañeros de la “promo” en el argot militar que les allanan el camino hacia la impunidad.
El caso es que aun no estamos librados de una práctica de inteligencia involucrada en los peores hechos de violencia: desapariciones, asesinatos, secuestros y torturas. Había que ser la voz del presidente a la que se le puede creer que aun existen las intercepciones telefónicas y habrá que poner empeño desde la potestad del Estado para redescubrir que aun existe y ahora sofisticado por la tecnología informática un sistema de computadoras en el que se almacenan las fichas de las personas con sus fotografías y los datos que contienen información sobre el partido político, organización a la que pertenecen y cualquier asunto especifico al que deseen circunscribir su investigación.
Pero si lo dice la voz del Procurador de los Derechos Humanos, no se conjetura como que sea una mentira, es solamente la voz de un sensiblero con la marginalidad, o si la voz de un periodista, un pagado para desestabilizar o un mequetrefe que en cualquier momento la pagará, o si la voz de un político, es la de alguien capaz de inventarle males a su madre para mantener vigente su figura, si la voz de un activista es la voz de uno cuya mercancía son los males de Guatemala para conseguir donantes para su causa, y así podríamos hacer una larga lista de detracciones contra una realidad que se vuelve una pesadilla que redescubre miserias denigrantes que padecemos per secula seculorum.
Desde esta columna he denunciado el espionaje existente en la Compañía Guatemalteca de Níquel, instaurado con la venia o no de sus administradores por Mynor Padilla, contra las personas a quienes se las considera enemigas del proyecto minero Fénix. El caso de la CGN, es el típico de una compañía minera que utiliza en su sistema de seguridad estas prácticas de inteligencia militar con la incondicional colaboración de sus administradores. Sabrá Dios con que argucias o recursos se habrá desvanecido esta realidad para hacerla parecer como una calumnia contra la CGN. Casi se llega al colmo con que se les crea que están en otro planeta o en otra galaxia para insistir en que ellos no lo hacen, o es que rayan en el escandaloso cinismo o se atreven a creernos ingenuos si es que no tan del todo pendejos. ¿A quién de los administradores dentro de las prácticas de hostigamiento en contra de la formación del sindicato o contra la gente acusada de invasores, se le salió de la boca que tenían al jefe de la SAE como su incondicional apoyo? ¿Fue al imbécil de Andrew Grant? ¿Al desatornillado Len Babin? ¿Al penitenciado Padilla? Fue a uno de estos tres, pero lo seguro es que siempre han basado su fuerza contra la comunidad, los opositores, los empleados y sus enemigos imaginarios utilizando las tan despreciables prácticas de espionaje que se práctica tan devotamente como culto a una gran religión en nuestra convivencia social.
En cualquiera de las reuniones con los grupos comunitarios, en una negociación, cita, conversación con grupos o personas de las comunidades y hasta con autoridades civiles o religiosas han estado presentes las siniestras figuras de Mynor Padilla y Roberto Dala (ahora aparentemente ya no tan amigos) siempre en fingimiento de amables, desenfadados y hasta amenos en la tertulia con las personas, con su cara de buenos inocentes como quienes no hacen nada pero en afanosa consigna de llevarse todo grabado en sus singulares aparatos escondidos entre las bolsas de sus camisas o sus pantalones. Ha sido un tema discutido y cuestionado por gente decente dentro de la Compañía porque si la hay decente dentro de la CGN, aunque no sea creíble, en contraste con los inescrupulosos que niegan el acecho indiscriminado que se practica con un sentimiento de víctimas de una artera calumnia como quien intenta hacer pensar que el pobrecito Juan no sabe nada de hilos porque si es María la que cose.
Las mismas prácticas con las que han sido sorprendidos los más cercanos colaboradores del mandatario y como no hacerlo a placer y capricho en contra de simples ciudadanos comunes si se ha intentado contra el más alto representativo del poder.
Lo que se muestra susceptible de suceder aun en la más alta esfera de poder en el país, debe causar motivo de un interés investigativo por parte de todas las instituciones democráticas, debe entenderse como algo que sucede como síntoma de un mal corrosivo que persiste en nuestra configuración nacional. Hemos sido amañados al silencio, el hacer como que nada pasa y al creernos que nos baboseamos a la comunidad internacional con nuestras apariencias de honorables a los que debe creérseles todo.
Páginas de la historia
LA CIA Y GUATEMALA: MANUAL PARA DERRIBAR UN RÉGIMEN
La operación que depuso al presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, hace ya casi medio siglo, pone al descubierto semejanzas y cambios de la estrategia imperial para liquidar enemigos, o fabricarlos según convenga. ”Ellos igual nos habrían derrocado, aunque no hubiésemos plantado bananos.”
J. Fortuny, sindicalista guatemalteco
Sentenciada por una violenta colonización, Guatemala ha recogido un amplio legado de personalismos y golpes de Estado. Asociada con apellidos de dictadores históricos comenzó a transitar a partir de 1944 sus "diez años de primavera". Por medio de sus primeras elecciones libres, Juan José Arévalo inició en 1945 el proceso reformista, continuado y profundizado luego por Jacobo Arbenz, su sucesor en 1950. Pese a la continua presión externa -Arévalo denunció 32 complots-, Arbenz, apenas asumido, dejó claros sus objetivos: "Convertir nuestro país de una nación dependiente con una economía semicolonial en un país independiente económicamente" e intentar abandonar su carácter "feudal" por el de un "Estado capitalista moderno". Pese a afirmar que para alcanzar dichas metas necesitaba "fortalecer su sector privado" donde "descansa la actividad económica fundamental", osadamente remarcó que necesitaría del capital extranjero sólo en la medida de que el mismo se ajustara "a las condiciones locales, (y) permanezca siempre subordinado a las leyes guatemaltecas, coopere con el desarrollo del país y se abstenga de intervenir en su vida social y política".
Partiendo del censo de 1950 (41 por ciento de la tierra concentrada en 516 fincas; 0,14 por ciento del total), Arbenz programó la reforma agraria. Concebida en el afán de lograr revertir una regresiva situación social, proponía "liquidar la propiedad feudal en el campo" para, desarrollando "métodos capitalistas de producción", sustentar el "camino para la industrialización". Deteniéndose en que fueran "abolidas las formas de servidumbre", "las prestaciones gratuitas y los repartimientos de indígenas", subrayaba el "desarrollar la economía capitalista campesina y de la agricultura en general". Afectando a guatemaltecos y extranjeros, los comités agrarios comenzaron su aplicación en marzo de 1953. Hasta su renuncia (junio de 1954), Arbenz firmó expropiaciones de medio millón de hectáreas ociosas, lo que significó que 500 mil campesinos se vieran beneficiados, otorgándoseles (para fomento del mercado interno) créditos por 18 millones de dólares. El producto bruto, el consumo personal y la importación de maquinarias (tres rubros en ascenso), demostraban la eficacia del plan.
LA CONSTRUCCIÓN DEL ENEMIGO
Los problemas se profundizaron cuando la aplicación del proyecto afectó las tierras ociosas de la United Fruit Company (UFCO). La compañía -molesta ya con Arévalo- acudió al Departamento de Estado, cuyo secretario, John Foster Dulles, era un abogado que entre sus méritos contaba haber redactado los borradores de los contratos firmados por la empresa y el gobierno guatemalteco en 1930 y 1936. Fue por su intermedio que la UFCO reclamó entonces 16 millones de dólares, que de acuerdo con lo que preveía la ley agraria eran sólo 627 mil, explicándose la diferencia en que, para evadir aportes, las declaraciones habían sido históricamente fraudulentas.
En medio de la "caza de brujas" macartista, la UFCO contrató "una compañía" para iniciar "una campaña agresiva contra Arbenz en los medios de comunicación estadounidenses". En efecto, y según Redmond (presidente de "La Frutera"), "de aquí en adelante ya no se tratará del pueblo de Guatemala contra la UFCO; la cuestión se convertirá en el caso del comunismo contra el derecho de propiedad, la vida y la seguridad del hemisferio".
Con la perspicaz conciencia de que el discurso crea realidades, modifica conductas y actitudes, los estrategas estadounidenses se lanzaron a demostrar cuán cerca crecía un satélite soviético, acudiendo al "mito movilizador" de la época (el comunista), muy redituable ante las miradas de la opinión pública.
Amplificada la realidad, abolido el contexto y obviadas las relatividades acerca de distintas situaciones, los funcionarios no tenían dudas: en Guatemala campeaba el comunismo internacional.
Dentro de estos parámetros, Dulles sugirió que la cumbre de ministros de Relaciones Exteriores de la OEA (Caracas, marzo de 1954) tratara un sugestivo quinto punto: "Intervención del comunismo internacional en las repúblicas americanas". Una vez allí, y a pedido expreso de un Dulles presuroso (tenía una cena en Filadelfia), el quinto punto pasó a ser el primero. Escuchadas las alocuciones, y pese a la brillantez del ministro guatemalteco, la relación de fuerzas acabó por corroborar que para Guatemala era una lucha similar a la del "tiburón y las sardinas": 17 votos favorables, dos abstenciones (México y Argentina), un voto contrario, Guatemala. Emitida la "Declaración de Solidaridad para la Preservación Política de los Estados Americanos contra la Intervención del Comunismo Internacional", Dulles se marchó con la llave que pisoteaba la no intervención. LAS ACCIONES DE LA CIA
Con un enemigo "construido" y la vía diplomática allanada, surgió la acción de un tercer agonista, la CIA, a cuyo frente estaba Allen Dulles, hermano del secretario de Estado. Acicateada por la operación contra el dirigente iraní Mohamed Mossadegh -nacionalizador del petróleo de su país-, la agencia ingenió un plan similar para Guatemala dividido en tres operaciones. A pesar de que en la nación centroamericana no llegaron a instrumentarse asesinatos políticos, existen pruebas documentales que permiten asegurar que esa estrategia constaba de toda una metodología legitimadora. Gerald Haines (del Departamento de Historia de la CIA) explicó que los condicionantes de la Guerra Fría llevaron a los estadounidenses a observar la situación guatemalteca no en un contexto centroamericano, sino como fruto de una "creciente y global lucha" contra la URSS, hecho que los convenció de ponerse en "acción".
En consecuencia se barajaron diferentes planes para derrocar a Arbenz, y en uno de esos "esfuerzos" la CIA consideró llevar adelante algunos asesinatos de "piezas clave" del régimen, por lo que elaboró "listas de individuos a ser asesinados, discutió planes de entrenamiento, y condujo programas de intimidación". Los oficiales de la CIA compilaron los "golpes" a partir de una antigua "lista de comunistas de 1949, e información de la Dirección de Inteligencia en enero de 1952"; y con estos datos concluyeron en una nómina de "los mejores comunistas" a "eliminar inmediatamente en evento de un satisfactorio golpe anticomunista".
A pesar de que este plan no fue unánime, pues según Haines hubo quienes no compartían los asesinatos y sí un "acercamiento más cauteloso", en el gobierno de Harry S Truman (1945-1953) "los juicios de la CIA" sobre Guatemala tuvieron apoyo y el plan comenzó como "operación PbFortune".
Aprobado en julio de 1952, en uno de los reportes hoy desclasificados consta el pedido de armas y la entrega de 225 mil dólares a Castillo Armas. Pese a contar con el entusiasta apoyo del presidente nicaragüense Anastasio Somoza (quien en visita a Truman en abril de 1952 manifestó que si lo "proveyeran con armas, él y Castillo Armas derrocarían a Arbenz") el plan fracasó al cabo de un mes. A pesar de esto, hay evidencia de que un "grupo K" fue entrenado, existiendo como prueba fehaciente de esto un manual (Un estudio del asesinato), preparado por un psiquiatra de la CIA, Sidney Gottlieb. En este manual, tras entender al asesinato como "medida extrema" no "moralmente justificable", el psiquiatra escribió que éste podía ser válido por proveer "ventajas positivas" para la organización. Sobre las "técnicas", el médico refirió que quien lo debía llevar adelante debía ser un sujeto "valeroso, inteligente, ingenioso, y físicamente activo, (…) transitorio en el área" y mantener un contacto mínimo con la organización.
Dos memorandos del 31 de marzo de 1954 detallan tres rangos dentro de los cuales debían caer los funcionarios seleccionados, y a partir de allí, dos categorías. El primero especificaba que fueran "funcionarios de alto rango en el gobierno"; el segundo que fueran "ciento por ciento probados como líderes comunistas cuya extirpación es requerida de inmediato para el éxito futuro del nuevo gobierno"; el tercero refería a que debían ocupar una posición "clave" en el gobierno o aparato militar. Y para finalizar, dos categorías, A y B; la primera de las cuales suponía deshacerse de dichas personas por medio del asesinato; y la segunda por el exilio o prisión.
GUERRA DE NERVIOS
Entendida como el intento de vencer a un oponente destruyendo gradualmente su moral con amenazas y presiones psicológicas, el desarrollo de una faceta de este tipo viene a mostrar hasta qué punto la CIA educó y entrenó a algunos funcionarios para desempeñar estas tareas en pos de su lucha contra el comunismo. Y también aporta sobre el papel que ocupaba en su psiquis la histeria anticomunista.
Concebida para "aplicar al máximo la presión psicológica contra los enemigos", intentó poner al gobierno fuera del equilibrio normal para hacerlo susceptible a la posterior intervención secreta y su derrocamiento. Considerada como paso previo, la "psywar" en Guatemala contó con publicaciones falsas, radio clandestina, hojas sueltas arrojadas desde aviones y el uso de tarjetas de intimidación. En definitiva, y como reconoció un estadounidense, aquella fue "una oportunidad de aplicar todo lo que la agencia había aprendido sobre cómo minar a los enemigos con desinformación y amenazas". Reconocida desde el punto de vista táctico como muy eficaz, poseía sus métodos de carácter convencional: se presionaba no sobre la masa sino en "blancos individuales".
"PbSuccess" fue el nombre en código que designó la operación encubierta destinada a remover a Arbenz. Concebida por la CIA, fue aprobada por los departamentos de Estado y de Defensa -el Pentágono- y la Casa Blanca. En método, escala y concepción, la operación no tenía antecedentes y, presentada como un modelo práctico para deshacerse de gobiernos nacionalistas o proclives a doctrinas de izquierda, resultó compartible puesto que era un sustituto más económico y discreto que la intervención de las fuerzas armadas.
Los documentos desclasificados permiten verificar que sus movimientos preliminares comenzaron en 1952 con las propuestas de asesinato. En la mañana del 2 de mayo dos funcionarios reunidos en un hotel pusieron en común sus ideas para derrocar al presidente. Al finalizar, ambos partieron; uno para Washington y el otro a Honduras, a dar cuenta a Castillo Armas. Acordaron un plan que en noviembre de 1953 fue denominado como Plan General de Acción-Guatemala. Los objetivos eran "remover en forma encubierta y si es posible sin asesinatos" a Arbenz e "instalar y sustentar, encubiertamente, un gobierno pro Estados Unidos".
Consideraban que el comunismo se había "atrincherado en Guatemala" siendo una "amenaza"; mientras la oposición estaba "dispersa y desunida". El plan de operaciones constaba de seis etapas: entre ellas "crear desacuerdo y deserción dentro del objetivo", desacreditarlo dentro y fuera, manifestar su "inhabilidad" y "crear esperanza y alentar la paciencia entre los no comunistas". En un segundo plano, externo, se preveía ejercer "presión económica" y "completar acuerdos militares con Nicaragua, Honduras y El Salvador". Se preveía además "crear el máximo antagonismo contra el régimen"; la máxima presión económica, militar y diplomática; "acentuar la actividad divisionista"; una "intensiva campaña de rumores que estimulen el miedo a la guerra" y la proclamación por las "fuerzas revolucionarias" del manifiesto apoyo popular del que gozan. Y no se excluía la aplicación de un plan de "sabotaje agresivo" contra los objetivos clave; el lanzamiento de un "ultimátum" por parte del dirigente rebelde, y la entrada al país de sus fuerzas. Otorgada a la acción una "prioridad máxima", comenzó a aplicarse junto a la "psywar".
PROVOCACIONES Con estos medios en funcionamiento, siendo inminente la invasión, las fuerzas rebeldes de acuerdo con la observación de los funcionarios de inteligencia debían "probar su fuerza", programándose "actos específicos de violencia anteriores al Día D" (comienzo de la invasión) para mayo de 1954.
Para este clima previo un oficial de la CIA elaboró una "serie de provocaciones" tanto locales como internacionales para dotar de justificación al derrocamiento. Creyendo que las condiciones de Honduras eran las más manipulables, el agente de sagaz imaginación aconsejó algunas ideas: "Una bomba soviética explota bajo el auto de Gálvez sólo un minuto después de que salió (...) el virtual asesino arrestado confesaría que es miembro del PGT (...) o quizás mejor (...) un mítico oficial soviético (con) algunos billetes de rublos (...) un pasaporte de escape soviético o polaco u otra visa comunista"; "un grupo de guatemaltecos es capturado en la frontera (con) Honduras, equipado con armas soviéticas, mapas militares, y un miembro del grupo admitirá que son la avanzada de una fuerza guatemalteca a punto de cruzar la frontera".
Internamente -mientras tanto- propuso "secuestrar personas anticomunistas (...) como la esposa y los hijos de un empresario estadounidense; uno podría encontrar las ropas de la mujer ensangrentadas en la orilla de un lago cercano o encontrarse pistas de que los asesinos y/o secuestradores son comunistas, por ejemplo una cruda inscripción 'muerte a todos los capitalistas' con la hoz y el martillo sobre la pared de la casa"; "cometer sacrilegio en una iglesia (...) pintando 'la religión es el opio para los pueblos'"; "disparando contra una finca de la UFCO o la casa de un millonario terrateniente, encontrando restos de una bomba incendiaria soviética".
"Después de unos días como los de arriba", proseguía el agente, "se ha creado una fuerte impresión de un comienzo de terror comunista", disparador de la intervención.
LA DERROTA
Arribaron los mercenarios y, temeroso de que detrás llegara un contingente, Arbenz renunció. Fruto de una traición militar, y gracias a la decidida acción del embajador de Estados Unidos en Guatemala, el mando quedó en manos del coronel Carlos Castillo Armas.
Con la victoria, el principal agente de la CIA en Guatemala (Wisner) comenzó a buscar la forma de "explotar la victoria": con la ayuda de dos oficiales de contrainteligencia prepararon un "trabajo de arrebato" de documentos que permitieran trazar la implicancia comunista. Pese a que al arribar los funcionarios los cuarteles del PGT y los sindicatos "ya habían sido saqueados por el ejército y por niños callejeros", otros funcionarios llegados antes "habían comprado documentos secretos a un niño pequeño".
De aquellas pilas de papeles, destacaba una característica esencial: no probaban implicancia ni dominio externo y poseían "importancia local". Ronald Schneider, un investigador que trabajó con ellos "no encontró huellas de control soviético y sí evidencia considerable de que los comunistas guatemaltecos actuaban solos". Comunismo de entre casa también comprobado cuando los estadounidenses, presurosos por implicancias, decidieron realizar una acción tendiente a que Moscú solicitara extraditar a Arbenz: ello era imposible pues Guatemala ni siquiera mantenía relaciones diplomáticas con la URSS.
Con Arbenz exiliado comenzó la "des sovietización": anulación de la ley agraria y devolución de tierras a la UFCO, firma de un pacto de ayuda y defensa con Estados Unidos, quita de derechos civiles a las mayorías, persecución de sindicalistas y agraristas, y 60 millones de dólares. Abierto así un período de polarización y violencia extrema, hoy Guatemala está sumida en la hambruna y con alarmantes niveles de pobreza. En 1995, al arribar los restos de Arbenz desde El Salvador, velados en el mes aniversario de la revolución, fue el pueblo quien en un acto espontáneo hizo notar que la huella del líder seguía intacta. Pese al silencio de la clase política, cien mil guatemaltecos siguieron su última marcha al cementerio e impidieron la oratoria militar.
La heroica despedida al dirigente vilmente derrocado tal vez demostró que aquella "tierra de la tiranía eterna" fue marcada a fuego por los "diez años de primavera", y que a pesar de décadas de violencia, la huella está aún viva. Por Roberto García. Brecha. Uruguay, octubre del 2002.
La operación que depuso al presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, hace ya casi medio siglo, pone al descubierto semejanzas y cambios de la estrategia imperial para liquidar enemigos, o fabricarlos según convenga. ”Ellos igual nos habrían derrocado, aunque no hubiésemos plantado bananos.”
J. Fortuny, sindicalista guatemalteco
Sentenciada por una violenta colonización, Guatemala ha recogido un amplio legado de personalismos y golpes de Estado. Asociada con apellidos de dictadores históricos comenzó a transitar a partir de 1944 sus "diez años de primavera". Por medio de sus primeras elecciones libres, Juan José Arévalo inició en 1945 el proceso reformista, continuado y profundizado luego por Jacobo Arbenz, su sucesor en 1950. Pese a la continua presión externa -Arévalo denunció 32 complots-, Arbenz, apenas asumido, dejó claros sus objetivos: "Convertir nuestro país de una nación dependiente con una economía semicolonial en un país independiente económicamente" e intentar abandonar su carácter "feudal" por el de un "Estado capitalista moderno". Pese a afirmar que para alcanzar dichas metas necesitaba "fortalecer su sector privado" donde "descansa la actividad económica fundamental", osadamente remarcó que necesitaría del capital extranjero sólo en la medida de que el mismo se ajustara "a las condiciones locales, (y) permanezca siempre subordinado a las leyes guatemaltecas, coopere con el desarrollo del país y se abstenga de intervenir en su vida social y política".
Partiendo del censo de 1950 (41 por ciento de la tierra concentrada en 516 fincas; 0,14 por ciento del total), Arbenz programó la reforma agraria. Concebida en el afán de lograr revertir una regresiva situación social, proponía "liquidar la propiedad feudal en el campo" para, desarrollando "métodos capitalistas de producción", sustentar el "camino para la industrialización". Deteniéndose en que fueran "abolidas las formas de servidumbre", "las prestaciones gratuitas y los repartimientos de indígenas", subrayaba el "desarrollar la economía capitalista campesina y de la agricultura en general". Afectando a guatemaltecos y extranjeros, los comités agrarios comenzaron su aplicación en marzo de 1953. Hasta su renuncia (junio de 1954), Arbenz firmó expropiaciones de medio millón de hectáreas ociosas, lo que significó que 500 mil campesinos se vieran beneficiados, otorgándoseles (para fomento del mercado interno) créditos por 18 millones de dólares. El producto bruto, el consumo personal y la importación de maquinarias (tres rubros en ascenso), demostraban la eficacia del plan.
LA CONSTRUCCIÓN DEL ENEMIGO
Los problemas se profundizaron cuando la aplicación del proyecto afectó las tierras ociosas de la United Fruit Company (UFCO). La compañía -molesta ya con Arévalo- acudió al Departamento de Estado, cuyo secretario, John Foster Dulles, era un abogado que entre sus méritos contaba haber redactado los borradores de los contratos firmados por la empresa y el gobierno guatemalteco en 1930 y 1936. Fue por su intermedio que la UFCO reclamó entonces 16 millones de dólares, que de acuerdo con lo que preveía la ley agraria eran sólo 627 mil, explicándose la diferencia en que, para evadir aportes, las declaraciones habían sido históricamente fraudulentas.
En medio de la "caza de brujas" macartista, la UFCO contrató "una compañía" para iniciar "una campaña agresiva contra Arbenz en los medios de comunicación estadounidenses". En efecto, y según Redmond (presidente de "La Frutera"), "de aquí en adelante ya no se tratará del pueblo de Guatemala contra la UFCO; la cuestión se convertirá en el caso del comunismo contra el derecho de propiedad, la vida y la seguridad del hemisferio".
Con la perspicaz conciencia de que el discurso crea realidades, modifica conductas y actitudes, los estrategas estadounidenses se lanzaron a demostrar cuán cerca crecía un satélite soviético, acudiendo al "mito movilizador" de la época (el comunista), muy redituable ante las miradas de la opinión pública.
Amplificada la realidad, abolido el contexto y obviadas las relatividades acerca de distintas situaciones, los funcionarios no tenían dudas: en Guatemala campeaba el comunismo internacional.
Dentro de estos parámetros, Dulles sugirió que la cumbre de ministros de Relaciones Exteriores de la OEA (Caracas, marzo de 1954) tratara un sugestivo quinto punto: "Intervención del comunismo internacional en las repúblicas americanas". Una vez allí, y a pedido expreso de un Dulles presuroso (tenía una cena en Filadelfia), el quinto punto pasó a ser el primero. Escuchadas las alocuciones, y pese a la brillantez del ministro guatemalteco, la relación de fuerzas acabó por corroborar que para Guatemala era una lucha similar a la del "tiburón y las sardinas": 17 votos favorables, dos abstenciones (México y Argentina), un voto contrario, Guatemala. Emitida la "Declaración de Solidaridad para la Preservación Política de los Estados Americanos contra la Intervención del Comunismo Internacional", Dulles se marchó con la llave que pisoteaba la no intervención. LAS ACCIONES DE LA CIA
Con un enemigo "construido" y la vía diplomática allanada, surgió la acción de un tercer agonista, la CIA, a cuyo frente estaba Allen Dulles, hermano del secretario de Estado. Acicateada por la operación contra el dirigente iraní Mohamed Mossadegh -nacionalizador del petróleo de su país-, la agencia ingenió un plan similar para Guatemala dividido en tres operaciones. A pesar de que en la nación centroamericana no llegaron a instrumentarse asesinatos políticos, existen pruebas documentales que permiten asegurar que esa estrategia constaba de toda una metodología legitimadora. Gerald Haines (del Departamento de Historia de la CIA) explicó que los condicionantes de la Guerra Fría llevaron a los estadounidenses a observar la situación guatemalteca no en un contexto centroamericano, sino como fruto de una "creciente y global lucha" contra la URSS, hecho que los convenció de ponerse en "acción".
En consecuencia se barajaron diferentes planes para derrocar a Arbenz, y en uno de esos "esfuerzos" la CIA consideró llevar adelante algunos asesinatos de "piezas clave" del régimen, por lo que elaboró "listas de individuos a ser asesinados, discutió planes de entrenamiento, y condujo programas de intimidación". Los oficiales de la CIA compilaron los "golpes" a partir de una antigua "lista de comunistas de 1949, e información de la Dirección de Inteligencia en enero de 1952"; y con estos datos concluyeron en una nómina de "los mejores comunistas" a "eliminar inmediatamente en evento de un satisfactorio golpe anticomunista".
A pesar de que este plan no fue unánime, pues según Haines hubo quienes no compartían los asesinatos y sí un "acercamiento más cauteloso", en el gobierno de Harry S Truman (1945-1953) "los juicios de la CIA" sobre Guatemala tuvieron apoyo y el plan comenzó como "operación PbFortune".
Aprobado en julio de 1952, en uno de los reportes hoy desclasificados consta el pedido de armas y la entrega de 225 mil dólares a Castillo Armas. Pese a contar con el entusiasta apoyo del presidente nicaragüense Anastasio Somoza (quien en visita a Truman en abril de 1952 manifestó que si lo "proveyeran con armas, él y Castillo Armas derrocarían a Arbenz") el plan fracasó al cabo de un mes. A pesar de esto, hay evidencia de que un "grupo K" fue entrenado, existiendo como prueba fehaciente de esto un manual (Un estudio del asesinato), preparado por un psiquiatra de la CIA, Sidney Gottlieb. En este manual, tras entender al asesinato como "medida extrema" no "moralmente justificable", el psiquiatra escribió que éste podía ser válido por proveer "ventajas positivas" para la organización. Sobre las "técnicas", el médico refirió que quien lo debía llevar adelante debía ser un sujeto "valeroso, inteligente, ingenioso, y físicamente activo, (…) transitorio en el área" y mantener un contacto mínimo con la organización.
Dos memorandos del 31 de marzo de 1954 detallan tres rangos dentro de los cuales debían caer los funcionarios seleccionados, y a partir de allí, dos categorías. El primero especificaba que fueran "funcionarios de alto rango en el gobierno"; el segundo que fueran "ciento por ciento probados como líderes comunistas cuya extirpación es requerida de inmediato para el éxito futuro del nuevo gobierno"; el tercero refería a que debían ocupar una posición "clave" en el gobierno o aparato militar. Y para finalizar, dos categorías, A y B; la primera de las cuales suponía deshacerse de dichas personas por medio del asesinato; y la segunda por el exilio o prisión.
GUERRA DE NERVIOS
Entendida como el intento de vencer a un oponente destruyendo gradualmente su moral con amenazas y presiones psicológicas, el desarrollo de una faceta de este tipo viene a mostrar hasta qué punto la CIA educó y entrenó a algunos funcionarios para desempeñar estas tareas en pos de su lucha contra el comunismo. Y también aporta sobre el papel que ocupaba en su psiquis la histeria anticomunista.
Concebida para "aplicar al máximo la presión psicológica contra los enemigos", intentó poner al gobierno fuera del equilibrio normal para hacerlo susceptible a la posterior intervención secreta y su derrocamiento. Considerada como paso previo, la "psywar" en Guatemala contó con publicaciones falsas, radio clandestina, hojas sueltas arrojadas desde aviones y el uso de tarjetas de intimidación. En definitiva, y como reconoció un estadounidense, aquella fue "una oportunidad de aplicar todo lo que la agencia había aprendido sobre cómo minar a los enemigos con desinformación y amenazas". Reconocida desde el punto de vista táctico como muy eficaz, poseía sus métodos de carácter convencional: se presionaba no sobre la masa sino en "blancos individuales".
"PbSuccess" fue el nombre en código que designó la operación encubierta destinada a remover a Arbenz. Concebida por la CIA, fue aprobada por los departamentos de Estado y de Defensa -el Pentágono- y la Casa Blanca. En método, escala y concepción, la operación no tenía antecedentes y, presentada como un modelo práctico para deshacerse de gobiernos nacionalistas o proclives a doctrinas de izquierda, resultó compartible puesto que era un sustituto más económico y discreto que la intervención de las fuerzas armadas.
Los documentos desclasificados permiten verificar que sus movimientos preliminares comenzaron en 1952 con las propuestas de asesinato. En la mañana del 2 de mayo dos funcionarios reunidos en un hotel pusieron en común sus ideas para derrocar al presidente. Al finalizar, ambos partieron; uno para Washington y el otro a Honduras, a dar cuenta a Castillo Armas. Acordaron un plan que en noviembre de 1953 fue denominado como Plan General de Acción-Guatemala. Los objetivos eran "remover en forma encubierta y si es posible sin asesinatos" a Arbenz e "instalar y sustentar, encubiertamente, un gobierno pro Estados Unidos".
Consideraban que el comunismo se había "atrincherado en Guatemala" siendo una "amenaza"; mientras la oposición estaba "dispersa y desunida". El plan de operaciones constaba de seis etapas: entre ellas "crear desacuerdo y deserción dentro del objetivo", desacreditarlo dentro y fuera, manifestar su "inhabilidad" y "crear esperanza y alentar la paciencia entre los no comunistas". En un segundo plano, externo, se preveía ejercer "presión económica" y "completar acuerdos militares con Nicaragua, Honduras y El Salvador". Se preveía además "crear el máximo antagonismo contra el régimen"; la máxima presión económica, militar y diplomática; "acentuar la actividad divisionista"; una "intensiva campaña de rumores que estimulen el miedo a la guerra" y la proclamación por las "fuerzas revolucionarias" del manifiesto apoyo popular del que gozan. Y no se excluía la aplicación de un plan de "sabotaje agresivo" contra los objetivos clave; el lanzamiento de un "ultimátum" por parte del dirigente rebelde, y la entrada al país de sus fuerzas. Otorgada a la acción una "prioridad máxima", comenzó a aplicarse junto a la "psywar".
PROVOCACIONES Con estos medios en funcionamiento, siendo inminente la invasión, las fuerzas rebeldes de acuerdo con la observación de los funcionarios de inteligencia debían "probar su fuerza", programándose "actos específicos de violencia anteriores al Día D" (comienzo de la invasión) para mayo de 1954.
Para este clima previo un oficial de la CIA elaboró una "serie de provocaciones" tanto locales como internacionales para dotar de justificación al derrocamiento. Creyendo que las condiciones de Honduras eran las más manipulables, el agente de sagaz imaginación aconsejó algunas ideas: "Una bomba soviética explota bajo el auto de Gálvez sólo un minuto después de que salió (...) el virtual asesino arrestado confesaría que es miembro del PGT (...) o quizás mejor (...) un mítico oficial soviético (con) algunos billetes de rublos (...) un pasaporte de escape soviético o polaco u otra visa comunista"; "un grupo de guatemaltecos es capturado en la frontera (con) Honduras, equipado con armas soviéticas, mapas militares, y un miembro del grupo admitirá que son la avanzada de una fuerza guatemalteca a punto de cruzar la frontera".
Internamente -mientras tanto- propuso "secuestrar personas anticomunistas (...) como la esposa y los hijos de un empresario estadounidense; uno podría encontrar las ropas de la mujer ensangrentadas en la orilla de un lago cercano o encontrarse pistas de que los asesinos y/o secuestradores son comunistas, por ejemplo una cruda inscripción 'muerte a todos los capitalistas' con la hoz y el martillo sobre la pared de la casa"; "cometer sacrilegio en una iglesia (...) pintando 'la religión es el opio para los pueblos'"; "disparando contra una finca de la UFCO o la casa de un millonario terrateniente, encontrando restos de una bomba incendiaria soviética".
"Después de unos días como los de arriba", proseguía el agente, "se ha creado una fuerte impresión de un comienzo de terror comunista", disparador de la intervención.
LA DERROTA
Arribaron los mercenarios y, temeroso de que detrás llegara un contingente, Arbenz renunció. Fruto de una traición militar, y gracias a la decidida acción del embajador de Estados Unidos en Guatemala, el mando quedó en manos del coronel Carlos Castillo Armas.
Con la victoria, el principal agente de la CIA en Guatemala (Wisner) comenzó a buscar la forma de "explotar la victoria": con la ayuda de dos oficiales de contrainteligencia prepararon un "trabajo de arrebato" de documentos que permitieran trazar la implicancia comunista. Pese a que al arribar los funcionarios los cuarteles del PGT y los sindicatos "ya habían sido saqueados por el ejército y por niños callejeros", otros funcionarios llegados antes "habían comprado documentos secretos a un niño pequeño".
De aquellas pilas de papeles, destacaba una característica esencial: no probaban implicancia ni dominio externo y poseían "importancia local". Ronald Schneider, un investigador que trabajó con ellos "no encontró huellas de control soviético y sí evidencia considerable de que los comunistas guatemaltecos actuaban solos". Comunismo de entre casa también comprobado cuando los estadounidenses, presurosos por implicancias, decidieron realizar una acción tendiente a que Moscú solicitara extraditar a Arbenz: ello era imposible pues Guatemala ni siquiera mantenía relaciones diplomáticas con la URSS.
Con Arbenz exiliado comenzó la "des sovietización": anulación de la ley agraria y devolución de tierras a la UFCO, firma de un pacto de ayuda y defensa con Estados Unidos, quita de derechos civiles a las mayorías, persecución de sindicalistas y agraristas, y 60 millones de dólares. Abierto así un período de polarización y violencia extrema, hoy Guatemala está sumida en la hambruna y con alarmantes niveles de pobreza. En 1995, al arribar los restos de Arbenz desde El Salvador, velados en el mes aniversario de la revolución, fue el pueblo quien en un acto espontáneo hizo notar que la huella del líder seguía intacta. Pese al silencio de la clase política, cien mil guatemaltecos siguieron su última marcha al cementerio e impidieron la oratoria militar.
La heroica despedida al dirigente vilmente derrocado tal vez demostró que aquella "tierra de la tiranía eterna" fue marcada a fuego por los "diez años de primavera", y que a pesar de décadas de violencia, la huella está aún viva. Por Roberto García. Brecha. Uruguay, octubre del 2002.
Poesia guatemalteca -Ismael Cerna-
EN LA CÁRCEL
(A JUSTO RUFINO BARRIOS)
¿Y qué? Ya ves que ni moverme puedo
y aún puedo desafiar tu orgullo vano.
¡A mí no logras infundirme miedo
con tus iras imbéciles, tirano!
Soy joven, fuerte soy, soy inocente
y ni el suplicio ni la lucha esquivo;
me ha dado Dios un alma independiente,
pecho viril y pensamiento altivo.
Que tiemblen ante ti los que han nacido
para vivir de infamia y servidumbre,
los que nunca en su espíritu han sentido
ningún rayo de luz que los alumbre;
Los que al infame yugo acostumbrados
cobardemente tu piedad imploran;
los que no temen verse deshonrados
porque hasta el nombre del honor ignoran.
Yo llevo entre mi espíritu encendida
la hermosa luz del entusiasmo ardiente;
amo la libertad más que la vida
y no nací para doblar la frente.
Por eso estoy aquí do altivo y fuerte
tu fallo espero con serena calma;
porque si puedes decretar mi muerte,
nunca podrás envilecerme el alma.
¡Hiere! Yo tengo en la prisión impía
la honradez de mi nombre por consuelo.
¿Qué me importa no ver la luz del día
si tengo en mi conciencia la del cielo?
¿Qué importa que entre muros y cerrojos
la luz del sol, la libertad me vedes,
si ven celeste claridad mis ojos,
si hay algo en mí que encadenar no puedes?
Sí, hay algo en mí más fuerte que tu yugo,
algo que sabe despreciar tus iras
y que no puedes sujetar, verdugo,
al terror que a los débiles inspiras.
¡Hiere…! Bajo tu látigo implacable,
débil acaso ante el dolor impío,
podrá flaquear el cuerpo miserable,
pero jamás el pensamiento mío.
Más fuerte se alzará, más arrogante
mostrará al golpe del dolor sus galas:
el pensamiento es águila triunfante
cuando sacude el huracán sus alas.
Nada me importas tú, furia impotente,
víctima del placer, señor de un día;
si todos ante ti doblan la frente
yo siento orgullo en levantar la mía.
Y te apellidas liberal, ¡bandido!
tú que a las fieras en crueldad igualas,
tú que a la juventud has corrompido
con tu aliento de víbora que exhalas.
Tú que llevas veneno en las entrañas,
que en medio de tus báquicos placeres,
cobarde, ruin y criminal te ensañas
en indefensos niños y mujeres.
Tú que el crimen ensalzas y encarneces
al hombre del hogar, al hombre honrado;
tú, asesino, ladrón, tú que mil veces
has merecido la horca por malvado.
Tú ¡Liberal…! Mañana que a tu oído
con imponente furia acusadora
llegue la voz del pueblo escarnecido
tronando en tu conciencia pecadora…
Mañana que la patria se presente
a reclamar sus muertas libertades
y que la fama pregonera cuente
al asombrado mundo tus maldades;
al tiempo que maldiga tu memoria
el mismo pueblo que hoy tus plantas lame,
el dedo inexorable de la historia
te marcará como a Nerón, ¡infame!
Entonces de esos antros tenebrosos
donde el honor y la inocencia gimen;
donde velan siniestros y espantosos
los inicuos esbirros de tu crimen;
de esos antros sin luz y estremecidos
por tantos ayes de amargura y duelo;
donde se oye entre llantos y gemidos
el trueno de la cólera del cielo,
con aterrante voz, con prolongada
voz, que estremezca tu infernal caverna
se alzará cada víctima inmolada
para lanzarte maldición eterna.
En tanto, hiere déspota, arrebata
la honra, la fe, la libertad, la vida;
tu misión es matar: ¡sáciate, mata
mata y báñate en sangre fratricida!
mata, Caín, la sangre que derrames
entre gemidos de dolor prolijos
¡oh! Infame, el mayor de los infames,
irá a manchar la frente de tus hijos.
Aquí tienes también la sangre mía,
Sangre de un corazón joven y bravo,
No quiero tu perdón me infamaría…
Mártir prefiero ser, a ser esclavo.
¡Hiéreme a mí que te aborrezco, impío!
a ti que con crueldades inhumanas
mandaste a asesinar al padre mío
sin respetar sus años, ni sus canas.
Quiero que veas que tu furia arrostro
y sin temblar que agonizar me veas,
para lanzarte una escupida al rostro
y decirte al morir: maldito seas.
Ismael Cerna
(A JUSTO RUFINO BARRIOS)
¿Y qué? Ya ves que ni moverme puedo
y aún puedo desafiar tu orgullo vano.
¡A mí no logras infundirme miedo
con tus iras imbéciles, tirano!
Soy joven, fuerte soy, soy inocente
y ni el suplicio ni la lucha esquivo;
me ha dado Dios un alma independiente,
pecho viril y pensamiento altivo.
Que tiemblen ante ti los que han nacido
para vivir de infamia y servidumbre,
los que nunca en su espíritu han sentido
ningún rayo de luz que los alumbre;
Los que al infame yugo acostumbrados
cobardemente tu piedad imploran;
los que no temen verse deshonrados
porque hasta el nombre del honor ignoran.
Yo llevo entre mi espíritu encendida
la hermosa luz del entusiasmo ardiente;
amo la libertad más que la vida
y no nací para doblar la frente.
Por eso estoy aquí do altivo y fuerte
tu fallo espero con serena calma;
porque si puedes decretar mi muerte,
nunca podrás envilecerme el alma.
¡Hiere! Yo tengo en la prisión impía
la honradez de mi nombre por consuelo.
¿Qué me importa no ver la luz del día
si tengo en mi conciencia la del cielo?
¿Qué importa que entre muros y cerrojos
la luz del sol, la libertad me vedes,
si ven celeste claridad mis ojos,
si hay algo en mí que encadenar no puedes?
Sí, hay algo en mí más fuerte que tu yugo,
algo que sabe despreciar tus iras
y que no puedes sujetar, verdugo,
al terror que a los débiles inspiras.
¡Hiere…! Bajo tu látigo implacable,
débil acaso ante el dolor impío,
podrá flaquear el cuerpo miserable,
pero jamás el pensamiento mío.
Más fuerte se alzará, más arrogante
mostrará al golpe del dolor sus galas:
el pensamiento es águila triunfante
cuando sacude el huracán sus alas.
Nada me importas tú, furia impotente,
víctima del placer, señor de un día;
si todos ante ti doblan la frente
yo siento orgullo en levantar la mía.
Y te apellidas liberal, ¡bandido!
tú que a las fieras en crueldad igualas,
tú que a la juventud has corrompido
con tu aliento de víbora que exhalas.
Tú que llevas veneno en las entrañas,
que en medio de tus báquicos placeres,
cobarde, ruin y criminal te ensañas
en indefensos niños y mujeres.
Tú que el crimen ensalzas y encarneces
al hombre del hogar, al hombre honrado;
tú, asesino, ladrón, tú que mil veces
has merecido la horca por malvado.
Tú ¡Liberal…! Mañana que a tu oído
con imponente furia acusadora
llegue la voz del pueblo escarnecido
tronando en tu conciencia pecadora…
Mañana que la patria se presente
a reclamar sus muertas libertades
y que la fama pregonera cuente
al asombrado mundo tus maldades;
al tiempo que maldiga tu memoria
el mismo pueblo que hoy tus plantas lame,
el dedo inexorable de la historia
te marcará como a Nerón, ¡infame!
Entonces de esos antros tenebrosos
donde el honor y la inocencia gimen;
donde velan siniestros y espantosos
los inicuos esbirros de tu crimen;
de esos antros sin luz y estremecidos
por tantos ayes de amargura y duelo;
donde se oye entre llantos y gemidos
el trueno de la cólera del cielo,
con aterrante voz, con prolongada
voz, que estremezca tu infernal caverna
se alzará cada víctima inmolada
para lanzarte maldición eterna.
En tanto, hiere déspota, arrebata
la honra, la fe, la libertad, la vida;
tu misión es matar: ¡sáciate, mata
mata y báñate en sangre fratricida!
mata, Caín, la sangre que derrames
entre gemidos de dolor prolijos
¡oh! Infame, el mayor de los infames,
irá a manchar la frente de tus hijos.
Aquí tienes también la sangre mía,
Sangre de un corazón joven y bravo,
No quiero tu perdón me infamaría…
Mártir prefiero ser, a ser esclavo.
¡Hiéreme a mí que te aborrezco, impío!
a ti que con crueldades inhumanas
mandaste a asesinar al padre mío
sin respetar sus años, ni sus canas.
Quiero que veas que tu furia arrostro
y sin temblar que agonizar me veas,
para lanzarte una escupida al rostro
y decirte al morir: maldito seas.
Ismael Cerna
domingo, 10 de agosto de 2008
Poesia guatemalteca -Ana María Rodas-
DESACUERDO
No me hablen de nada.
Esta noche no estoy para palabras
ni discursos
sobre los acuerdos de paz en ningún lado.
¿Qué paz acordaron en mi nombre?
¿Quién les dio permiso para hacerlo?
Ninguno de esta lista interminable
que llevo entre las manos
dijo
adelante, firmen ese convenio.
A mí no me pidieron opinión cuando los grandes
decidieron que una guerra
si se enfriaba
podía jugarse mejor en patio ajeno.
Soltaron su veneno,
se sentaron a contar ganancias
a competir por esculpir la Luna.
Mientras tanto
aquí, como si nada, se acumularon muertos
y desaparecidos
y exiliados y odios.
Cuarenta años duró el juego.
A mí no me fue mal, aún estoy viva.
Pero esta lista, esta lista que me hace llorar cuando la leo
es la factura final de aquel convenio.
No me vengan con sellos a estampar un cancelado.
Aquí no se cancelan los afectos
ni los llantos, ni la sangre derramada
ni la memoria de los muertos.
No me hablen de nada.
Esta noche no estoy para palabras
ni discursos
sobre los acuerdos de paz en ningún lado.
¿Qué paz acordaron en mi nombre?
¿Quién les dio permiso para hacerlo?
Ninguno de esta lista interminable
que llevo entre las manos
dijo
adelante, firmen ese convenio.
A mí no me pidieron opinión cuando los grandes
decidieron que una guerra
si se enfriaba
podía jugarse mejor en patio ajeno.
Soltaron su veneno,
se sentaron a contar ganancias
a competir por esculpir la Luna.
Mientras tanto
aquí, como si nada, se acumularon muertos
y desaparecidos
y exiliados y odios.
Cuarenta años duró el juego.
A mí no me fue mal, aún estoy viva.
Pero esta lista, esta lista que me hace llorar cuando la leo
es la factura final de aquel convenio.
No me vengan con sellos a estampar un cancelado.
Aquí no se cancelan los afectos
ni los llantos, ni la sangre derramada
ni la memoria de los muertos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)